Compañia de Ballet de Concepción-CBC

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Historia del Ballet "Fairy Doll"

Ballet "Fairy Doll"

En el corazón de Viena, en el año 1888, una pequeña puerta a la fantasía se abrió en el escenario de la Ópera de la Corte. No conducía a un reino de hadas del bosque, sino a un lugar mucho más cercano y familiar: una juguetería. Esta es la historia de "Die Puppenfee" o "The Fairy Doll", un ballet que, con su magia íntima, conquistó al público y se convirtió en un pilar del repertorio, un cuento donde los juguetes cobran vida y la ilusión baila al compás de un vals.

El sueño comenzó con la música del compositor austríaco Josef Bayer, quien tejió una partitura basada en los ritmos del vals vienés y las formas de danza folclórica. El libretto, inspirado en el cuento "El hombre de arena" de E.T.A. Hoffmann, prometía una aventura encantadora y un poco misteriosa. Fue el maestro de ballet de la corte, Joseph Hassreiter, quien dio los primeros pasos coreográficos. Y así, el 4 de octubre de 1888, "Die Puppenfee" hizo su debut triunfal en la Ópera de la Corte de Viena, consolidándose de inmediato como un clásico de los ballets de la corte austriaca.


La acción transcurre en una juguetería. De día, es un lugar de comercio tranquilo. Pero cuando el reloj marca la medianoche y el último cliente se va... la magia despierta.

La "Muñeca Hada", reina de este pequeño mundo, toma su varita y concede vida al resto de los juguetes. Comienza entonces una fiesta secreta, un gran baile donde cada muñeco muestra su personalidad y su origen a través de la danza.

El ballet es un verdadero desfile de carácter y diversidad cultural. Cada muñeco es un país, una tradición:

*   Una alegre campesina tirolesa Austriaca ejecutan un vivaz Ländler.

*   Una Española irrumpe con pasión y castañuelas.

*   Una delicada muñeca japonesa danza una mazurka lenta.

*   Un enérgico número chino llena el escenario de color.

*   Unas Arlequínas saltan en una vertiginosa tarantella.

Y, presidiendo todo, la etérea y elegante Muñeca Hada, cuyo vals es el corazón mismo del ballet.


La fama de "The Fairy Doll" cruzó fronteras. En 1903, los hermanos Nikolai y Sergei Legat la revivieron para el Ballet Mariinsky en San Petersburgo. Para esta ocasión, añadieron un célebre pas de trois para la Hada y dos Pierrots, con música compuesta especialmente por Riccardo Drigo.

Pero fue la gran Anna Pavlova quien, enamorada del rol, lo adoptó para su compañía itinerante. A partir de 1914, llevó a la Muñeca Hada por todo el mundo, salvando del olvido su coreografía y su encanto. Para la puesta en escena rusa, el legendario artista Léon Bakst creó decorados y vestuarios de una opulencia y colorido inolvidables.

La influencia de este ballet de juguetería fue profunda. Inspiró directamente ballets como "La Boutique Fantasque" de Massine y comparte un linaje literario con otros grandes ballets de muñecos como "Coppélia" y "El Cascanueces". Demostró que un ballet en un acto podía contener un mundo completo de fantasía y narrativa.

Más allá de los escenarios, "The Fairy Doll" se convirtió en una tradición familiar, especialmente en Viena, donde la Ópera Estatal celebraba funciones especiales, llegando incluso a su 750ª representación en 1973. Su capacidad para crear una experiencia compartida de asombro es su verdadero legado.


¿Quién compuso la música?

 La música original es del austríaco Josef Bayer, con un añadido fundamental de Riccardo Drigo para el pas de trois.


 ¿Cuál es el título original?

Su título original es "Die Puppenfee". También se la conoció como "Im Puppenladen" ("En la Tienda de Muñecos").


 ¿Qué hace especial a este ballet?

Es una joya del divertissement, una celebración pura de la danza de carácter, el color y la melodía. No es un drama, sino un sueño danzante donde la gracia y la alegría son las protagonistas.

La música del gran vals final crece en intensidad. Imágenes de la Muñeca Hada en el centro del escenario, rodeada por todos los muñecos, en una pose final brillante.

Desde su estreno en la Viena imperial hasta las adaptaciones contemporáneas, "The Fairy Doll" ha demostrado que la magia más poderosa a veces reside en los objetos más cotidianos. Es un recordatorio de que, si miramos con los ojos correctos, incluso en el rincón más silencioso de una tienda, puede aguardar un mundo de maravilla, listo para cobrar vida a la luz de la luna y el primer compás de un vals. Un ballet que, como un juguete preciado, nunca pierde su encanto.






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